LAS GUERRILLA GIRLS: Activistas feministas hacia la igualdad en el arte
Estefania Aixalà
En 1985, el MOMA de Nueva York celebraba una exposición de arte contemporáneo titulada An International Survey of Painting and Sculpture. De los 169 artistas participantes, solamente 13 eran mujeres. Esta desigualdad tuvo respuesta: un grupo de mujeres salió a la calle, por primera vez, para manifestar su malestar; llevaban máscaras de simio y se hacían llamar Guerrilla Girls. Compartían un sentimiento de frustración al comprobar que, a finales del siglo XX, aún persistían diferencias de reconocimiento artístico entre sexos.
Sin embargo, la aparición más famosa de las Guerrilla Girls fue en 1989, cuando crearon un cartel lleno de humor y cinismo (ver arriba). El cartel contiene una reproducción de La Gran Odalisca de Ingres, imagen archiconocida en la tradición iconográfica del desnudo femenino. La pregunta que se lanza queda bien clara: ¿Tienen las mujeres que estar desnudas para hacerse presentes en los museos norteamericanos? Evidentemente, se hace una crítica hacia el estereotipo de la mujer como objeto de deseo. Además, la odalisca de las Guerrilla Girls no se contenta con ser relegada a mero sujeto pasivo, sino que se subleva ante esta situación colocándose, como sus creadoras, una máscara de gorila.
El que aparece en la página siguiente es uno de sus carteles más irónicos, donde enumeran las supuestas “ventajas” que tiene ser mujer artista:
Trabajar sin la presión del éxito; tener la oportunidad de escoger entre carrera y maternidad; ver ideas propias reflejadas en el trabajo de otros; estar segura de que cualquier tipo de arte que hagas será catalogado como femenino; ser incluida en versiones revisadas de la historia del arte… Un cartel cargado de dardos envenenados hacia la infraestructura artística que ejerce de monstruo devora-mujeres.
En definitiva, lo que pretendían las Guerrilla Girls era conseguir que el arte de museos y galerías mostrara por fin una imagen real de la historia y del actual panorama cultural, y dejara de ser, en consecuencia, una suma de contribuciones masculinas. Opusieron resistencia al lenguaje empleado por la crítica artística rebatiendo el modelo patriarcal, liderado por la figura del “genio”1. Tradujeron la palabra latina “genius” por testículos, porque entendían que era el término más adecuado para explicar el hecho de que se utilizara tan poco para describir a las mujeres artistas. Finalmente, este grupo que empezó defendiendo los derechos de las mujeres para integrarse en un mundo dominado por hombres, acabó abarcando todo tipo de luchas a favor de las minorías: discriminación racial, pobreza, violaciones, guerra del Golfo, etc.
Actualmente, disponen de una pàgina web (http://www.guerrillagirls.com), donde se pueden consultar sus próximas conferencias o apariciones en público, y también ojear su atractiva colección de carteles, diseñados uno a uno para criticar un hecho relacionado con injusticias cometidas contra las minorías.
Finalmente, me gustaría dejar un espacio para la reflexión. Hasta que no haya pasado suficiente tiempo como para que las creaciones de mujeres se hayan integrado en el escenario artístico –de tal forma que sus nombres y sus obras aparezcan en los tratados generales de historia del arte con total normalidad–, no se podrá deconstruir la estructura de esta rígida disciplina para crear nuevos parámetros que permitan entender el arte de una forma mucho más global y justa, una forma que realmente reconozca a las grandes creadoras como lo que son. Por lo tanto, lo único que nos queda es seguir abriendo puertas en esa dirección y esperar que los años y la lucha incansable surtan efecto.

